miércoles, 9 de junio de 2010

No way (2004)

Mireia es una chica potente, ronca, tostada, con ojos de esos de quedarse dentro una hora y no salir ni para comer, que lleva dentro de sí una caja con chispas y relámpagos, que es tan difícil de atrapar como los "diablos", esas semillas con forma de pelusa que en primavera caen como falsos copos de nieve, y que la propia mano con su movimientos hace alejarse.

Mireia es maternal como una manta de lana, pero también es hija de una serpiente y un puercoespín, aunque tiene colmillos y púas de punta roma.

Camina a dos centímetro por encima del resto, y dos kilómetros por hora más rápido que los demás.

Mireia sabe inventarse flores que no existen, y no sabe mentir.

Mireia está en París.

Al principio no entendía a Mireia. Equivoqué el juego, jugué al ajedrez con un dado, y encima pensaba que me hacía trampas. No. Tan sólo jugaba al ajedrez.

Mireia vive en una casa muy grande, muy grande. He estado una vez en su habitación, y colecciona objetos hechos con latas de Cocacola. Prefiere la Cocacola de botella a la de lata. De botella de cristal, claro.

Tiene una forma de entresacar la lengua cuando piensa, a la vez que abre mucho los ojos, que me encanta.

Mireia, cuando habla, en lugar de las comas coloca un chasquido de la lengua. "Clar ts a veure ts
vull dir que sí..."

Mireia es futbolista. Menos fútbol y más lista, eso sí.

A Mireia le interesa la Filosofía, y le gusta mantener largas conversaciones en las que se hable un poco de todo, sin discutir, sin llegar al enfrentamiento personal.

Mireia se asutó cuando le dije que me había parecido muy bonito abrazarla, acariciarla y besarla en aquel ejercicio de clase. Que me parecía "bonic" que me hubiera abrazado, cómo me había besado y acariciado. Mireia se me asustó.

Mireia dice que no es celosa. Mireia aún no conoce el amor.

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